¡Jesús
llevó mis culpas! Es la frase que me trajo libertad y paz interior después de
muchos años de vivir con ese sentimiento de culpa que me amargaba el rostro y
oprimía el corazón.
Desde
pequeña escuché: “eres culpable, porque eres la mayor; eres inteligente. ¿Cómo
no te diste cuenta? ¡Debes dar ejemplo! ¡Tus hermanitos dependen de ti! ¡Ellos
ven lo que haces y te seguirán! ¡Eres responsable por ellos!
Todas
éstas frases se grabaron en mi interior, tanto que, al crecer, me esforzaba en
llegar a la meta de dar buen ejemplo, en cuidar de mis hermanos; pero siempre
me sentía acompañada por ese sentimiento de insuficiencia en todo lo que hacía, entonces llegaba la culpa, se instalaba y allí
quedaba, en mi corazón, cargándolo de
sentimientos de rabia a mi misma por no haber cumplido con lo que se esperaba
de mí, lo cual yo lo consideraba una obligación ineludible.
Cuando
fui adulta y tratando de cumplir con esa premisa interna, siempre aconsejaba a
mis hermanos, y a todos aquellos que estuviesen a mí alrededor; esto me acarreo más de un problema, por lo
que decidí apartarme de todos, para no “meterme en sus vidas” y causarles
disgustos.
Pasaron
los años, y ese mandato interior siempre vigente, autoritario, rígido, y siempre inalcanzable. Porque hoy sé,
que es imposible que un ser humano sea el ejemplo de virtudes, inteligencia,
habilidades, etc. ¡Eso es imposible! ¡Nadie puede ser ejemplo “intachable”,
(otra palabrita que escuchaba de niña) de nadie!
¡Porque
un solo ejemplo de ese calibre tenemos, y es: … ¡JESÚS!
¡Él
es nuestro ejemplo a seguir! Y está bien que tratemos de esforzarnos en ser
mejores en todo lo que hagamos, porque así también nos lo manda la Biblia, y aún
por nosotros mismos; pero lo que no está bien es que siempre nos sintamos
culpables por no dar la talla que impusieron sobre nuestras vidas aquellos que nos criaron. Pero
aun ellos tampoco son culpables de esa exigencia; pues no lo hicieron por
maldad; sino por desear lo mejor para sus hijos, “para que sean los mejores”
(decían). Y en ese afán de ser los mejores, muchas veces… terminábamos siendo
los peores!...
Ahora
bien, ¿qué efectos causa sobre la vida, de una persona que fue criada de esa
manera? ¿Qué consecuencias en sus relaciones de pareja, como madre, padre
hermana/o y sobre si misma?...
Particularmente
y en lo que a mí respecta, me llevó a ser crítica, en primer lugar, conmigo
misma, y luego, con todos y a todos.
Dura
y triste faena que cansa emocionalmente, estresa, y también priva de
disfrutar muchas cosas con libertad.
Hoy
sé que Jesús, el hijo de Dios, llevó mis culpas, imperfecciones, defectos,
debilidades y pecados en la Cruz del Calvario.
Lo
dice en su palabra; Isaías 53; 6: {Todos nosotros nos descarriamos como
ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de
todos nosotros} y en 1º Pedro 2,25 dice: {Porque vosotros erais como ovejas descarriadas,
pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas}
Realmente
en éstas Palabras escritas hace tantos miles de años se encuentra el Poder de
sanidad en todas las áreas de nuestras vidas, si creemos en ellas, claro está.
Si obramos con ellas como si fueran un cheque al portador, con la cual nos
presentamos en oración a Dios diciendo: - Señor, escrito está en tu Palabra que…
Cuál
es tu pecado?... o trauma?... Qué
necesitas que Dios haga por ti?
Cualquiera
sea tu necesidad, duda o temor, sanidad interior o física; necesidades económicas,
soledad, angustia…. DIOS PUEDE Y QUIERE AYUDARTE!..Solo cree… Al que cree todo
le es posible…es lo que dijo Jesús a Marta, hermana de Lázaro…y ella creyó!
Porque contestó: - Creo Señor que tú eres el Cristo, el hijo de Dios, que has
venido al mundo! (S. Juan 11,27).
¡Y
con la fe de Marta, Jesús pudo resucitar a Lázaro!..
¡Anímate a creer, te
aseguro que no serás defraudado!
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